Como he visto que Mosiri nos ha contado su descubrimiento de unas vacaciones “vintage” sin cobertura y todo lo que esa experiencia le deparó en reflexiones, yo he pensado también contar una iluminación de estas vacaciones mías.

He pasado unos días en Liverpool y entre otras muchas cosas no he podido escapar al influjo de los Beatles. No solo porque he ido a tomar una pinta a The Cavern (con cientos de turistas) o he hecho “The mistery tour” por las casas y los paisajes de sus niñez y por el origen físico de la inspiración de muchas canciones célebres, sino, sobre todo porque he visitado el museo de los Beatles: The Beatles Story. Un magnifico paseo por sus inicios, ascenso, éxito y separación. Todo muy bien documentado, con unas magnificas audioguías y con una ambientación que te mete en la historia, pero ¿a que viene todo esto?

Pues todo esto viene a que de todo lo oído y leído me fui preguntando que es lo que hace a un grupo de adolescentes de 1961 convertirse en el mayor grupo de la era del pop. Y más aún cuando leía que en aquella época había más de 700 grupos de adolescentes que hacían más o menos la misma música por las calles de Liverpool y muchos miles en Gran Bretaña, todo con un estilo que se llamaba skiffle.

Lo primero que ves es un grupo de chicos de 16 a 18 años que no quieren hacer otra cosa que tocar, que no ven otra salida a su vida. Es un ejemplo Ringo Starr (cuyo verdadero nombre es Richard Starkey), que tocaba en otras bandas, entre ellas los Rolling, antes de unirse a los Beatles en 1962  y que no duraba ni una semana en cualquier trabajo convencional que iniciaba. Por, otra parte, por los diferentes grupos que puso en marcha,  John Lennon, pasaron más de 15 chicos diferentes, compañeros de colegio, que lo fueron dejando según iban encontrando empleo. Para esos chicos, la música era algo que les gustaba, un hobby, pero no su vida. Sin embargo, ahí seguían siempre: Paul, John, Ringo y George. Esa obsesión por algo, en este caso por la música es el primer ingrediente. Iban a poner toda la carne en el asador en eso con lo que se sentían tan bien.

En un libro que estaba leyendo en esos días: “Cosas que me contó un pajarito” de Biz Stone, uno de los creadores de Twitter, dice que “para triunfar espectacularmente, tienes que estar dispuesto a fracasar espectacularmente“. Esto supone que cuando ves a alguien con esa luz en los ojos sabes que hará todo lo posible por conseguir lo que quiera, por encima de cualquier obstáculo y hará frente a cualquier desánimo. Los Beatles eran claramente así,

De hecho, hay un testimonio del que sería  su productor musical George Martin que dijo que el primer día que le llevaron la maqueta y ellos tocaron en su estudio no le gustaron. Él no sabía que a su representante (Epstein, del que luego hablaré) le habían dicho “no” todo el resto de los estudios a los que llevó sus canciones y Martin solo siguió esa mañana con la prueba porque le impresionaron ellos, no su música.  Por ejemplo, cuando quiso ser amable y les dijo en la grabación que le dijeran su había algo que no les gustara o que les molestara para cambiarlo, lo único que recibió es una respuesta humorística de George diciendo que lo único que no les gustaba era “su corbata”. Ese estilo desafiante, ese sentido del humor fue el que le decidió a grabar una prueba con ellos pues ellos eran especiales, no su música, todavía.

Otro de los elementos clave de su éxito fue el trabajo. Ensayaban mucho, tocaban mucho. En “The Cavern” hay una placa que recuerda que tocaron allí, en ese sótano lleno de humo y de olor a sudor y desinfectante, 292 veces desde 1961 a 1963. Pero no fue solo eso, cuando eran un grupo con cierto éxito local en Liverpool les salió un contrato para tocar en verano en Hamburgo, el el barrio chino de esa ciudad portuaria y tocaban a veces hasta 8 horas seguidas frente a un público al que le interesaba relativamente su música y que a veces les pedían que hicieran algo más que tocar, que les divirtieran, que dieran espectáculo. Por allí pasaron de  agosto de 1960 a diciembre de 1962 en diferentes etapas y con diferentes acompañantes musicales. Allí se pulieron como grupo, con la práctica, cogieron tablas para atraer la atención del público, maduraron en fin. Adquirieron esas 10.000 horas de práctica que Gladwell dice en su libro Outliders. The Story of Success que son imprescindibles para convertirse en un profesional sobresaliente, un fuera de serie.

Sin embargo, pese a toda esa práctica sus canciones no impresionaron, como ya he comentado, a ese productor musical (G. Martin) que los oyó tocar por primera vez, faltaban más ingredientes. El otro ingrediente esencial se llamaba Brian Epstein, el que seria su representante hasta su muerte en 1967, después que el que tenían anteriormente, Allan Williams, los mandara a Hamburgo y los dejara, pues no creía en ellos, pasando a la historia como uno de los mayores errores de juicio de alguien en la historia del pop.

Epstein, de familia acomodada, era inquieto y se aburría, buscaba un reto para su vida. Tenían una gran tienda de música en Liverpool, era elegante, seductor y sofisticado y una noche cuando los escucho en “The Cavern club” les propuso representarles. El fue el marketing y la estrategia de comunicación que necesitaban para despegar. Él aguantó los “noes” de todos los estudios de grabación hasta que consiguió con sus buenas artes que George Martin aceptara una prueba de grabación con ellos. Antes, la gran compañía Decca decidió no grabarles porque, según le dijeron : “los grupos de guitarra están en pleno declive Sr Epstein” . Pulió su estilo en escena entre otras cosas les prohibió comer en escena), les introdujo claves que los hacían diferentes, desde cómo vestir hasta su conocido saludo final en escena, consiguió que aceptaran cambiar, de acuerdo a las recomendaciones de Martin, a su anterior batería Pete Best por otro de más calidad y más cercano al estilo y el humor del grupo, Ringo Starr. Esto ocurría en junio de 1962 y en solo 9 meses, en marzo de 1963 ya comenzó la racha que hizo que colocaran 17 singles en el número 1 de las listas británicas.

En suma, Epstein, los convirtió en  un producto más vendible. Para eso  uso todos los medios disponibles, desde la realización de una película en 1964 resaltando el tema de las fans que los acosaban (A hard day’s night). hasta su gira por Estados Unidos en 1964 cuando ya eran famosos en Gran Bretaña pero no en Estados Unidos. Allí aprovecho la fuerza de la TV y consiguió que actuaran en el show de Ed Sullivan y que fueran vistos en ese programa por 74 millones de espectadores casi la mitad del país entonces. Desde allí ya todo fue imparable.

En sus apenas 8 años de existencia como grupo (los Rolling Stones que fueron contemporáneos suyos llevan 50 años), consiguieron lo que nadie en el mundo de la música ha conseguido nunca, 27 canciones llegaron a números 1 en las listas internacionales. Vendieron más de 1000 millones de discos y su influencia todavía continúa.

¡Ah!, diréis, pero es que además eran unos genios, o unas personas con un gran talento, en especial la pareja que más éxitos compuso: Lennon-McCarney, ¡es verdad!, y no pararon de innovar y de investigar sonidos abriendo nuevos campos a la música. Por ejemplo, su disco Sgt Pepper’s Lonley Band, 1967, fue un hito en el mundo de la música y todavía se le considera uno de los discos más influyentes de todos los tiempos, desde su portada hasta su contenidos y las líneas que abrió en la música pop apartándose de todo lo anterior.

Es decir que: obsesión por lo que se hace, trabajo duro, personalidad, buena comunicación, buen producto y un poco de suerte son ingredientes que podemos destilar de toda esta historia y que pueden dar como resultado historias de éxito como la de los Beatles, Twitter, Microsoft, Apple o cualquier otra historia de éxito de emprendedores en el mundo.

Aquí concluyen mis reflexiones vacacionales y prometo que las próximas entradas de este blog ya estarán más apegados a la realidad empresarial, pero siempre es bonito descubrir una buena historia de seres humanos llena de lecciones y sugerencias y esta de los Beatles, sin duda, lo es.